En medicina ocupacional, la espirometría no solo sirve para diagnosticar enfermedades ya establecidas. También funciona como vigilancia — permite detectar cambios en la función pulmonar antes de que aparezcan síntomas.
¿Para qué se usa en medicina ocupacional?
Para la evaluación pre-ocupacional: establecer una línea base de la función pulmonar al inicio del empleo. Para la vigilancia periódica: detectar cambios en la función pulmonar con el tiempo que puedan indicar daño por exposición laboral. Para la evaluación de aptitud: determinar si un trabajador puede desempeñar determinadas tareas de forma segura.
¿Qué trabajadores deben hacerse espirometría?
Mineros expuestos a polvo de sílice. Trabajadores de la construcción con exposición a polvo de cemento o asbesto. Pintores y soldadores. Trabajadores agrícolas con exposición a pesticidas. Cualquier trabajador expuesto a polvo, gases o humos de forma regular.
¿Con qué frecuencia?
Al ingreso, anualmente en trabajadores con exposición a riesgo alto como mineros, y cada 2-3 años en exposición moderada. Al retiro, para documentar el estado final de la función pulmonar.
¿Qué puede detectar?
Un patrón obstructivo sugiere EPOC o asma ocupacional. Un patrón restrictivo puede indicar silicosis, asbestosis u otras neumoconiosis. Una caída progresiva del FEV1 año a año, aunque todavía dentro del rango normal, es una señal de alerta que debe motivar la revisión de las medidas de protección.
El valor de la comparación en el tiempo
Una sola espirometría tiene valor limitado. La comparación de espirometrías sucesivas en el mismo trabajador es lo que permite detectar deterioro precoz. Por eso es fundamental hacerla desde el inicio de la relación laboral y mantener un registro sistemático.